Normalmente la capa superficial aparecerá muy oscurecida por lacados oxidados que se han ido aplicando a lo largo de la vida de la obra, por la acumulación de polvo, humo, mugre,...
Comunmente la capa de preparación puede estar compuesta de sulfato de calcio dihidratado con una cola de origen animal. Sobre ésta, la capa pictórica que encontramos habitualmente es temple a base de de algún tipo de materia orgánica (característica de la Edad Media) o bien óleo.
Estudios recientes sobre antiguas limpiezas realizadas en policromías han demostrado que los disolventes orgánicos (incluso la esencia de trementina que se venía usando como neutralizante y bálsamo para óleos) han dañado las capas pictóricas causando adelgazamiento, aumento de la rigidez y fragilidad. Ante tales resultados existe consenso acerca de realizar una limpieza de la suciedad superficial que no ataque a las bravas la capa de barniz (oxidado o no). Es posible entonces evaluar el estado del barniz y tomar una decisión sobre su eliminación o conservación.
Limpieza superfcial de la capa de suciedad: Se realiza mediante solución acuosa (agua desionizada) con tensioactivos o quelantes (sustancias secuestrantes) de pH ligéramente ácido (aprox.6). Si el pH de la solución acuosa llega a 7 o lo supera la capa de barniz oxidado (ácido por tanto) se hinchará y disolverá. Es posible que, una vez retirada la suciedad superficial, comprobemos que el barniz no amarillea tanto evitando intervenciones innecesarias.
Emulsión cerosa Pappina: Compuesta a base de cera de abejas emulsionada en agua con un tensioactivo aniónico (estearato de amonio) útil para la eliminación de suciedad superficial de policromías; si se le incorporan disolventes sera posible la eliminación gradual de capas de barniz.
Si procede, eliminación del barniz: Probablemente nos encontremos ante un barniz a base de resinas naturales oxidadas, de naturaleza ácida, más polar y en consecuencia más hidrófilo. La ligroina, la acetona y el alcohol se han demostrado efectivos en mezclas de polaridad controlada (empleando siempre la mínima polaridad necesaria) y testada sobre puntos poco visibles. El alcohol etílico puede solubilizar esmaltes usados en repintes sobre los que se acostumbraba a usar disolventes orgánicos muy polares como el tolueno. La teoría dice que disolventes como el alcohol etílico, la acetona o la ligroina son menos agresivos (tanto para la obra como para el restaurador), todavía faltan estudios que demuestren que no hay alteración de la capa pictórica.
Lo importante de hecho para conseguir una limpieza respetuosa de la capa pictórica es lograr una afectación mínima y sin dejar residuos. Para ello se han desarrollado pruebas que lo minimizan aplicando el disolvente mediante gelificación (por ejemplo agua desionizada con agar agar), De este modo el paso de la humedad al sustato no llega a ser perjudicial. El agua puede actuar por sí misma o bien hacerlo con un tensioactivo (Resin Soap y Bile Acid Soap formuladas por Richard Wolbers a base de jabones que se componen respectivamente de ácido abiético y ácido deoxicólico) o quelante (EDTA monosódico, bisódico, trisódico y tetrasódico) . Existen formulaciones comerciales denominadas solvent gel (Carbopol y Ethomeen) que combinan desnsificadores de carácter ácido y tensioactivos de carácter básico. En las especificaciones del Carbopol se advierte que deja como residuo benceno. El Ethomeen es alcalino y corrosivo y al contacto con ojos y piel puede provocar irritación o quemaduras.
Atención el barniz puede haberse en escamas y puede suceder que las mismas arrastren parte de la capa pictórica durante la limpieza.
Eliminación de repintes. Hay que probar con diferentes disolventes poco polares (de paso son los menos nocivos para el restaurador: alcohol, acetona, ligroina) para averiguar con cuál obtenemos mayor efectividad.
Fijación puntual de la capa pictórica a pincel o por goteo con resinas cetónicas reversibles con disolventes poco polares.
Barnizado de la policromía: Las resinas usadas tradicionalmente, el mástic y el dammar, se oxidan con facilidad, con lo cual la obra estaría de nuevo expuesta a limpiezas cíclicas poco deseables para su estabilidad y permanencia. Es deseable la aplicación de un barniz fácilmente eliminable con un disolvente poco polar como el éter de petróleo o ligroina.
Barniz aislante restauración Charbonel: Su composición a base de alcohol lo convierte en perfectamente compatible con los colores mas antiguos, asegurándoles su salvaguardia.
Laropal K 80
Barniz final para pintura, consolidante en la mezcla de cera-resina. Resina cetónica soluble en alcoholes y cetonas. Insoluble en agua y metanol. Posiblemente la menos estable de las resinas cetónicas. Similar al dammar o mastic en cuanto a reversivilidad, aunque amarillea algo menos. No es especialmente nocivo en condiciones normales de manipulación y uso.
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domingo, 1 de septiembre de 2013
domingo, 25 de agosto de 2013
CÓMO RECONSTRUIR UN OBJETO DE METAL
Durante la limpieza de un metal puede aparecer una grieta, un agujero, incluso puede legar a descomponerse. Para salvaguardar el objeto antes de seguir trabajando pégale vendas a modo tirita. La manera de hacerlo es adherir vendas recortadas a medida con pegamento imedio disuelto en acetona (1/1), deposita las vendas sobre la superficie a asegurar y con un pincel y mucho cuidado aplica la disolución de adhesivo nitrocelulósico (pegamento imedio banda azul) con acetona. Deja secar y después de solucionar el problema lo podrás retirar con acetona aplicada puntualmente. Acomoda el objeto en una especie de cama que puedes fabricar con una bandeja alta rellena de arena de playa lavada. Coloca una tela o plástico flexible entre el objeto y la arena de manera que no puedan entrar granos en las rendijas
Se pueden usar productos específicos para rellenar, pero debes asegurarte que podrás controlar la aplicación. La resina de poliéster con pigmentos es difícil de manejar, si no controlas el tiempo de curado, las dosis,... Es probable que todo acabe chorreando y estropeándose. Existen masillas de poliéster específicas que permiten, una vez secas el modelado. Las resinas epoxi, más sólidas, pueden apañar el problema si se adhieren bien. Atención, cualquier tipo de resina que usemos, por poco sospechosas que parezcan, emite vapores nocivos. Trabaja en ambientes abiertos.
Antes de aplicar un producto sobre la pieza debes experimentar con él. Aunque parezca que puedes conseguir el tono exacto con pigmentos mezclados lo único que puedes hacer es acercarte al tono, sobrepasarlo, o poner el foco de atención de la pieza en aquél cuerpo extraño de color estrambótico (además el uso de cargas o pigmentos con las resinas las debilita y modifica su comportamiento en el curado). Mejor dejar el color de la resina o a posteriori aproximar el tono con pintura al óleo. Busca en intenet un producto idóneo para las características del objeto porque si vas directamente a la tienda directamente puede que te vendan lo que tienen en stock por las buenas sin que sea realmente lo que necesitas.
Se pueden usar productos específicos para rellenar, pero debes asegurarte que podrás controlar la aplicación. La resina de poliéster con pigmentos es difícil de manejar, si no controlas el tiempo de curado, las dosis,... Es probable que todo acabe chorreando y estropeándose. Existen masillas de poliéster específicas que permiten, una vez secas el modelado. Las resinas epoxi, más sólidas, pueden apañar el problema si se adhieren bien. Atención, cualquier tipo de resina que usemos, por poco sospechosas que parezcan, emite vapores nocivos. Trabaja en ambientes abiertos.
Antes de aplicar un producto sobre la pieza debes experimentar con él. Aunque parezca que puedes conseguir el tono exacto con pigmentos mezclados lo único que puedes hacer es acercarte al tono, sobrepasarlo, o poner el foco de atención de la pieza en aquél cuerpo extraño de color estrambótico (además el uso de cargas o pigmentos con las resinas las debilita y modifica su comportamiento en el curado). Mejor dejar el color de la resina o a posteriori aproximar el tono con pintura al óleo. Busca en intenet un producto idóneo para las características del objeto porque si vas directamente a la tienda directamente puede que te vendan lo que tienen en stock por las buenas sin que sea realmente lo que necesitas.
CÓMO LIMPIAR EL MARFIL, HUESO O ASTA
Sólo debería limpiarse si es etrictamente necesario y no eliminar la pátina natural amarillenta que deja el tiempo en el marfil. Es suficiente pasar un algodón humedecido (no chorreando) con alcohol etílico o metílico. Es un disolvente lo suficientemente volátil (de rápida evaporación) como para permitir una limpieza algo lenta pero que no llega a afectar a la estructura a pesar de que penetra por sus capilares. Mejor no usar agua, sobretodo en piezas deterioradas, aunque algunas páginas lo recomienden. Ni siquiera en material inorgánico y nuevos utilizaría agua. Cepillo suave sí, agua no.
En cuanto a sumergir en leche unos minutos las piezas de marfil para que recuperen su blancura (supongo que gracias a la caseina), pienso que es preferible conservar las piezas con la coloración que añade el tiempo y si no puedo recomendar limpiarlas con agua, menos aún con inmersiones en leche.
Si las piezas presentan policromía hay que efectuar pruebas de limpieza en zonas poco visibles, y si se mancha el algodón, hay que consolidar primero la capa de pintura o acudir, si resulta complejo, a un restaurador.
Emplea siempre guantes de látex o similares, aunque se trate solo de alcohol.
Tras la limpieza puedes proteger la pieza con ceras naturales o sintéticas que tienen la elasticidad adecuada para un material orgánico que puede hacer movimiento.
En cuanto a sumergir en leche unos minutos las piezas de marfil para que recuperen su blancura (supongo que gracias a la caseina), pienso que es preferible conservar las piezas con la coloración que añade el tiempo y si no puedo recomendar limpiarlas con agua, menos aún con inmersiones en leche.
Si las piezas presentan policromía hay que efectuar pruebas de limpieza en zonas poco visibles, y si se mancha el algodón, hay que consolidar primero la capa de pintura o acudir, si resulta complejo, a un restaurador.
Emplea siempre guantes de látex o similares, aunque se trate solo de alcohol.
Tras la limpieza puedes proteger la pieza con ceras naturales o sintéticas que tienen la elasticidad adecuada para un material orgánico que puede hacer movimiento.
CÓMO LIMPIAR UN ÓLEO
Si la obra no ha sufrido condiciones extremadamente adversas la capa pictórica no tiene porqué dar problemas, otra cosa es el estado de la tela (en general las antiguas son buenas) y el bastidor (insectos xilófagos). Si la pintura está cuarteada lo verás a simple vista o con una buena lupa y luz. Sobra decir que consolidar una capa pictórica, arrancarla para cambiar el lienzo, consolidar craquelados, reintegrar lagunas, etc requieren la paciencia, destreza y entrenamiento de un restaurador. Aunque si te decides a intervenir sobre tus cuadros a solas empieza antes con cualquier cuadro de un rastrillo que presente problemas similares.
Parecería que las obras modernas presentan mejor cohesión, sin embargo en la actualidad (incluyo las obras de la segunda mitad del s.XX) los pintores han dado rienda suelta a la imaginación, especialmente en el empleo de los materiales, han añadido cargas, cuerpos extraños y demás originalidades a la pintura. Han experimentado como nunca. Atención a los períodos de guerra, porque en tales situaciones los pintores deben conformarse con lo que hay y se dan cambios en la composición de materias importantes de la obra. En cambio, en obras más antiguas, sí es posible situarlas es su época y contexto se pueden obtener pistas valiosas acerca de técnicas específicas, aglutinantes, etc.
Limpieza superficial: Coloca la tela en horizontal. Si hay polvo, eliminalo con una brocha suave y acercando el aspirador pero sin succionar directamente sobre la tela. Hazlo por los dos lados empezando por el anterior para evaluar el estado de la capa pictórica. Si lo haces al reves puedes encontrarte con un disgusto al dar la vuelta al lienzo.
Desde hace muchos años es costumbre en países anglosajones realizar una limpieza respetando el barniz. El hecho de empezar directamente con disolventes poco polares como tolueno, xileno, esencia de trementina, white spirit,... elimina no solo la suciedad, sino también el barniz (esté o no en buen estado) y afecta a la capa pictórica en su grosor, dejándola rígida y endureciéndola. La alternativa respetuosa con la obra es una limpieza como la que detallo a continuación.
Limpieza superfcial de la capa de suciedad: Solución acuosa (agua desionizada) con tensioactivos o quelantes (sustancias secuestrantes) de pH ligéramente ácido (aprox.6). Si el pH de la solución acuosa llega a 7 o lo supera la capa de barniz oxidado (ácido por tanto) se hinchará y disolverá. Es posible que, una vez retirada la suciedad superficial, comprobemos que el barniz no amarillea tanto. Esto evitará intervenciones innecesarias.
No hay que pasarse frotando, ni desmontar marco o bastidor (no vayamos a buscarnos problemas que no teníamos). Con un algodón impregnado en el líquido hay que ir limpiando la superficie por sectores, con paciencia y observando como responde la tela. Empezar por una esquina y ver si el barniz soporta la limpieza (seguramente sí). Si no la soporta hay que acudir a un profesional o preconsolidar. Si la soporta hay que actuar igualmente con precaución ya que no toda la superficie tiene porqué encontrarse en el mismo estado. Aunque trabajemos con sustancias poco tóxicas (en secuestrantes o quelantes y tensioactivos mirar las fichas de seguridad) es conveniente trabajar con algún tipo de protección para la piel y los ojos. Es preferible sustituir el algodon por algún tipo de brocha suave, ya que tras cada limpieza recuerdo tener que retirar los pelitos con la yema de los dedos (operación que puede acabar siendo dolorosa y que deja grasa en toda la superficie).
Emulsión cerosa Pappina: Cera de abejas emulsionada en agua con un tensioactivo aniónico (estearato de amonio) útil para la eliminación de suciedad superficial de policromías; si se le incorporan disolventes sera posible la eliminación gradual de capas de barniz.
Si encotramos un barniz oxidado-ácido-de polaridad elevada-hidrófilo en exceso ya no cumple convenientemente su función como protector de la capa pictórica. Entonces es conveniente la eliminación del barniz. Tradicionalmente se han usado resinas naturales en la protección de los lienzos y la ligroina, la acetona y el alcohol se han demostrado efectivos en mezclas de polaridad controlada (utilizando siempre la mínima polaridad necesaria) y testada sobre puntos poco visibles. El alcohol etílico puede solubilizar esmaltes usados en repintes sobre los que se acostumbraba a usar disolventes orgánicos muy polares como el tolueno. La teoría dice que disolventes como el alcohol etílico, la acetona o la ligroina son menos agresivos (tanto para la obra como para el restaurador), pero todavía faltan estudios que demuestren que no se producen alteraciones más profundas.
Es deseable lograr una afectación mínima de la capa pictórica, sin modificarla ni dejar residuos. Esto se ha conseguido a través de agua desionizada gelificada (existen productos diversos de drogería, pero yo me inclino por el agar agar). De este modo el paso de la humedad al sustato está más controlado y no llega a ser perjudicial. El agua puede actuar por sí misma o bien hacerlo con un tensioactivo (Resin Soap y Bile Acid Soap formuladas por Richard Wolbers*
a base de jabones que se componen respectivamente de ácido abiético y ácido deoxicólico) o un quelante (EDTA monosódico, bisódico, trisódico y tetrasódico). Existen formulaciones comerciales denominadas solvent gel (Carbopol y Ethomeen) que combinan desnsificadores de carácter ácido y tensioactivos de carácter básico. En las especificaciones del Carbopol se advierte que deja como residuo benceno. El Ethomeen es alcalino y corrosivo y al contacto con ojos y piel puede provocar irritación o quemaduras.
Atención el barniz puede haberse convertido en escamas y puede suceder que las mismas arrastren parte de la capa pictórica durante la limpieza.
Eliminación de repintes. Hay que probar con diferentes disolventes poco polares (de paso son los menos nocivos para el restaurador: alcohol, acetona, ligroina) para averiguar con cuál obtenemos mayor efectividad.
Preconsolidación de la capa pictórica a pincel o por goteo con resinas cetónicas reversibles con disolventes poco polares.
SUERTE.
Parecería que las obras modernas presentan mejor cohesión, sin embargo en la actualidad (incluyo las obras de la segunda mitad del s.XX) los pintores han dado rienda suelta a la imaginación, especialmente en el empleo de los materiales, han añadido cargas, cuerpos extraños y demás originalidades a la pintura. Han experimentado como nunca. Atención a los períodos de guerra, porque en tales situaciones los pintores deben conformarse con lo que hay y se dan cambios en la composición de materias importantes de la obra. En cambio, en obras más antiguas, sí es posible situarlas es su época y contexto se pueden obtener pistas valiosas acerca de técnicas específicas, aglutinantes, etc.
Limpieza superficial: Coloca la tela en horizontal. Si hay polvo, eliminalo con una brocha suave y acercando el aspirador pero sin succionar directamente sobre la tela. Hazlo por los dos lados empezando por el anterior para evaluar el estado de la capa pictórica. Si lo haces al reves puedes encontrarte con un disgusto al dar la vuelta al lienzo.
Desde hace muchos años es costumbre en países anglosajones realizar una limpieza respetando el barniz. El hecho de empezar directamente con disolventes poco polares como tolueno, xileno, esencia de trementina, white spirit,... elimina no solo la suciedad, sino también el barniz (esté o no en buen estado) y afecta a la capa pictórica en su grosor, dejándola rígida y endureciéndola. La alternativa respetuosa con la obra es una limpieza como la que detallo a continuación.
Limpieza superfcial de la capa de suciedad: Solución acuosa (agua desionizada) con tensioactivos o quelantes (sustancias secuestrantes) de pH ligéramente ácido (aprox.6). Si el pH de la solución acuosa llega a 7 o lo supera la capa de barniz oxidado (ácido por tanto) se hinchará y disolverá. Es posible que, una vez retirada la suciedad superficial, comprobemos que el barniz no amarillea tanto. Esto evitará intervenciones innecesarias.
No hay que pasarse frotando, ni desmontar marco o bastidor (no vayamos a buscarnos problemas que no teníamos). Con un algodón impregnado en el líquido hay que ir limpiando la superficie por sectores, con paciencia y observando como responde la tela. Empezar por una esquina y ver si el barniz soporta la limpieza (seguramente sí). Si no la soporta hay que acudir a un profesional o preconsolidar. Si la soporta hay que actuar igualmente con precaución ya que no toda la superficie tiene porqué encontrarse en el mismo estado. Aunque trabajemos con sustancias poco tóxicas (en secuestrantes o quelantes y tensioactivos mirar las fichas de seguridad) es conveniente trabajar con algún tipo de protección para la piel y los ojos. Es preferible sustituir el algodon por algún tipo de brocha suave, ya que tras cada limpieza recuerdo tener que retirar los pelitos con la yema de los dedos (operación que puede acabar siendo dolorosa y que deja grasa en toda la superficie).
Emulsión cerosa Pappina: Cera de abejas emulsionada en agua con un tensioactivo aniónico (estearato de amonio) útil para la eliminación de suciedad superficial de policromías; si se le incorporan disolventes sera posible la eliminación gradual de capas de barniz.
Si encotramos un barniz oxidado-ácido-de polaridad elevada-hidrófilo en exceso ya no cumple convenientemente su función como protector de la capa pictórica. Entonces es conveniente la eliminación del barniz. Tradicionalmente se han usado resinas naturales en la protección de los lienzos y la ligroina, la acetona y el alcohol se han demostrado efectivos en mezclas de polaridad controlada (utilizando siempre la mínima polaridad necesaria) y testada sobre puntos poco visibles. El alcohol etílico puede solubilizar esmaltes usados en repintes sobre los que se acostumbraba a usar disolventes orgánicos muy polares como el tolueno. La teoría dice que disolventes como el alcohol etílico, la acetona o la ligroina son menos agresivos (tanto para la obra como para el restaurador), pero todavía faltan estudios que demuestren que no se producen alteraciones más profundas.
Es deseable lograr una afectación mínima de la capa pictórica, sin modificarla ni dejar residuos. Esto se ha conseguido a través de agua desionizada gelificada (existen productos diversos de drogería, pero yo me inclino por el agar agar). De este modo el paso de la humedad al sustato está más controlado y no llega a ser perjudicial. El agua puede actuar por sí misma o bien hacerlo con un tensioactivo (Resin Soap y Bile Acid Soap formuladas por Richard Wolbers*
a base de jabones que se componen respectivamente de ácido abiético y ácido deoxicólico) o un quelante (EDTA monosódico, bisódico, trisódico y tetrasódico). Existen formulaciones comerciales denominadas solvent gel (Carbopol y Ethomeen) que combinan desnsificadores de carácter ácido y tensioactivos de carácter básico. En las especificaciones del Carbopol se advierte que deja como residuo benceno. El Ethomeen es alcalino y corrosivo y al contacto con ojos y piel puede provocar irritación o quemaduras.
Atención el barniz puede haberse convertido en escamas y puede suceder que las mismas arrastren parte de la capa pictórica durante la limpieza.
Eliminación de repintes. Hay que probar con diferentes disolventes poco polares (de paso son los menos nocivos para el restaurador: alcohol, acetona, ligroina) para averiguar con cuál obtenemos mayor efectividad.
Preconsolidación de la capa pictórica a pincel o por goteo con resinas cetónicas reversibles con disolventes poco polares.
SUERTE.
*Restaurador del Getty Conservation Institute. Desarrolló estos productos con mezclas de tensioactivos y de enzimas. Son productos sobre los que sigue desarrollando una investigación intensa, pero que han demostrado algunas deficiencias como el tensioactivo usado, el tris-HCL, que deja residuos indeseables sobre el sustrato.
jueves, 22 de agosto de 2013
CÓMO LIMPIAR DE ÓXIDO EL HIERRO
Eliminar el óxido puede ser muy sencillo, pero cada pieza es un mundo. Dependiendo del valor y antigüedad de la pieza hay que comenzar el trabajo tomando conciencia que la capa de óxido puede estar repartida de manera uniforme sobre el metal O NO. Principalmente en piezas antiguas o de mucho uso (herramientas) pueden aparecer puntos donde el óxido penetra en el objeto. Hay que vigilar las zonas donde se insinúan soldaduras, seguramente allí el hierro estará más dañado. La corrosión en objetos antiguos de hierro suele ser de difícil restauración.
Es mejor siempre ir de menos a más y eliminar mecánicamente las capas de óxido, de modo que uno puede observar el estado efectivo del metal. Usa cepillos metálicos sólo si se trata de quitar el óxido a piezas sin importancia, si lo empleas con metales de cierto valor, aunque sólo sea emocional, dejarás marcas visibles. Dependiendo de la delicadeza del objeto puede usarse lana de acero o lápiz de fibra de vidrio (que podéis comprar en una tienda de fotografía). La presión en cualquiera de los dos casos siempre debería ser gradual, controlada y con movimientos circulares. Los cepillos para taladro pueden jugártela, y si no tienes un gran dominio de su uso la cosa puede acabar mal. Si se os ha gastado la paciencia y según el tamaño del objeto quizás sea mejor usar una máquina como la Dremmel o similar (no tengo afán de hacerle publicidad a nadie) donde fácilmente se puede controlar la velocidad del cepillo. Usad siempre brocas no demasiado fuertes y probad primero sobre otra superficie o en una zona poco visible. También os podéis hacer con brocas para pulir si queréis dejar un acabado brillante.
Las partes móviles deben separarse si es posible y limpiarse una por una. Igualmente se barnizarán de forma individual. Sólo hay que montarlas de nuevo cuando estén bien secas.
Trabajad con paciencia, si el objeto es antiguo o se trata de un recuerdo familiar, se merece algo más de tiempo. Las limpiezas químicas son siempre descontroladas incluso para un profesional de la restauración. Además, tanto si el tratamiento requiere sumergir la pieza como si se trata tan sólo de impregnar, cualquier producto que ataca al óxido es sospechoso también de atacar al material que limpiamos (hay excepciones gloriosas para otros materiales, como los tratamientos con agar agar). Los eliminadores de óxido que requieren un lavado posterior con agua me parecen paradojas cósmicas, todo el mundo sabe que mojar un hierro activa el óxido.
Inhibición del óxido:
-ácido tánico al 3% en alcohol, aplicación a pincel.
Estabilización:
-ácido tánico con un 5% de alcohol, aplicación a pincel.
Protección:
-Resina Paraloid B72 al 5% con Xileno, aplicación a pincel.
Para la inhibición, estabilización y protección del hierro existen formulaciones comerciales en cualquier tienda especializada. Para pequeñas cantidades puede convenir más. En general las ceras dan un acabado bonito, pero acaban convirtiéndose en un imán para el polvo, así que si las eliges es mejor que el objeto esté salvaguardado en una vitrina.
-Conservar: no exponer a cambios bruscos de temperatura, no exponer a humedad excesiva (gel de sílice para controlarla), no dejar que se vaya depositando el polvo porque ahí pueden empezar a aparecer problemas de nuevo.
El Xileno es un disolvente del grupo de los bencenos y es bastante nocivo. Aunque no lo compremos tal cual lo podemos encontrar dentro de los ingredientes de algunos barnices protectores de metal. Hay que trabajar en espacios ventilados, trabajar con guantes y evitar salpicaduras (las gafas protectoras son incómodas, pero hay que tenerlas a mano para ocasiones concretas).
Es mejor siempre ir de menos a más y eliminar mecánicamente las capas de óxido, de modo que uno puede observar el estado efectivo del metal. Usa cepillos metálicos sólo si se trata de quitar el óxido a piezas sin importancia, si lo empleas con metales de cierto valor, aunque sólo sea emocional, dejarás marcas visibles. Dependiendo de la delicadeza del objeto puede usarse lana de acero o lápiz de fibra de vidrio (que podéis comprar en una tienda de fotografía). La presión en cualquiera de los dos casos siempre debería ser gradual, controlada y con movimientos circulares. Los cepillos para taladro pueden jugártela, y si no tienes un gran dominio de su uso la cosa puede acabar mal. Si se os ha gastado la paciencia y según el tamaño del objeto quizás sea mejor usar una máquina como la Dremmel o similar (no tengo afán de hacerle publicidad a nadie) donde fácilmente se puede controlar la velocidad del cepillo. Usad siempre brocas no demasiado fuertes y probad primero sobre otra superficie o en una zona poco visible. También os podéis hacer con brocas para pulir si queréis dejar un acabado brillante.
Las partes móviles deben separarse si es posible y limpiarse una por una. Igualmente se barnizarán de forma individual. Sólo hay que montarlas de nuevo cuando estén bien secas.
Trabajad con paciencia, si el objeto es antiguo o se trata de un recuerdo familiar, se merece algo más de tiempo. Las limpiezas químicas son siempre descontroladas incluso para un profesional de la restauración. Además, tanto si el tratamiento requiere sumergir la pieza como si se trata tan sólo de impregnar, cualquier producto que ataca al óxido es sospechoso también de atacar al material que limpiamos (hay excepciones gloriosas para otros materiales, como los tratamientos con agar agar). Los eliminadores de óxido que requieren un lavado posterior con agua me parecen paradojas cósmicas, todo el mundo sabe que mojar un hierro activa el óxido.
Inhibición del óxido:
-ácido tánico al 3% en alcohol, aplicación a pincel.
Estabilización:
-ácido tánico con un 5% de alcohol, aplicación a pincel.
Protección:
-Resina Paraloid B72 al 5% con Xileno, aplicación a pincel.
Para la inhibición, estabilización y protección del hierro existen formulaciones comerciales en cualquier tienda especializada. Para pequeñas cantidades puede convenir más. En general las ceras dan un acabado bonito, pero acaban convirtiéndose en un imán para el polvo, así que si las eliges es mejor que el objeto esté salvaguardado en una vitrina.
-Conservar: no exponer a cambios bruscos de temperatura, no exponer a humedad excesiva (gel de sílice para controlarla), no dejar que se vaya depositando el polvo porque ahí pueden empezar a aparecer problemas de nuevo.
El Xileno es un disolvente del grupo de los bencenos y es bastante nocivo. Aunque no lo compremos tal cual lo podemos encontrar dentro de los ingredientes de algunos barnices protectores de metal. Hay que trabajar en espacios ventilados, trabajar con guantes y evitar salpicaduras (las gafas protectoras son incómodas, pero hay que tenerlas a mano para ocasiones concretas).
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